Donald Trump está en lo cierto: en México gobiernan los Cárteles de las Drogas

Por. J. Jesús Lemus

Una mentira no dijo el presidente Donald Trump, cuando aseguró que en México “gobiernan los cárteles de las drogas”. Esa es -hoy en día- la verdad más certera que se puede asegurar de nuestro país. Es una verdad que por ineludible duele en la médula de todo el sistema político nacional, pero especialmente en la conciencia de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Sí. Puede ser muy dolorosa la aseveración del presidente Trump, pero también representa una realidad liberadora: la presidenta Claudia Sheinbaum no tiene que cargar con esa responsabilidad histórica que se le endilga desde el discurso del presidente norteamericano.

Este es el momento adecuado para que la presidenta Sheinbaum, si es inteligente como presume, se pueda desembarazar de esa pesada carga que la podría marcar en el curso de la historia. Ella podría pasar a la historia como la mujer presidenta que rompió con el pacto de corrupción entre el Estado mexicano y el crimen organizado.

Bajo el argumento de la presión del presidente Donald Trump, la presidenta Sheinbaum puede establecer y darle el propio carácter de su administración. Puede, si ella quiere poner un hasta aquí, y decir no de una vez por todas a los compromisos que diversos sectores de la clase gobernante han asumido con grupos del crimen organizado.

Sheinbaum está en posibilidad de superar ese deshonroso señalamiento -del sometimiento del Estado a los intereses de los criminales- si ella quisiera. Sin mayor problema podría dejar de lado las relaciones de complicidad entre el Estado mexicano los grupos de criminales, poque ella no los fomentó.

Hoy, con el discurso de Trump, Claudia Sheinbaum podría -con una facilidad increíble y una rentabilidad política sin precedente, exhibir con elementos de prueba la corrupción que imperó en el pasado neoliberal, aunque el daño colateral sea el cuestionamiento de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

La oportunidad que tiene Sheinbaum es inigualable e histórica. Sin mayor problema podría referir que las relaciones del narco y el Estado mexicano si existen. Que iniciaron en el sexenio de Miguel de la Madrid, cuando el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, pactó con una alianza criminal con el Cártel de Guadalajara que encabezaba Rafael Caro Quintero, Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto Fonseca Carrillo.

Sheinbaum podría establecer que esas relaciones criminales entre el Estado y los Narco continuaron en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, cuando el entonces secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, hizo que creciera el Cártel de Sinaloa y pactó con Ismael Zambada García, gracias a la mediación de Javier García Paniagua, padre de Omar García Harfuch.

La presidenta se podría desembarazar de la acusación de Trump si alude a la historia y recuerda que, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, con la mediación del entonces secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán -hoy embajador de la 4T de México en EUA- se pactó con el Cártel de los Hermanos Amezcua Contreras, los Reyes de las Anfetaminas.

También la presidenta Claudia Sheinbaum podría referir que la responsabilidad del pacto criminal entre Estado mexicano y los Cárteles, fue del gobierno de Vicente Fox, uno de sus villanos favoritos, el que negocio a través del su entonces secretario de Seguridad, Alejandro Gertz Manero -hoy titular de la FGR- el crecimiento de los cárteles del Golfo, Zetas y Familia Michoacana, propiciando el primer fraccionamiento de esos cárteles al ofrecer nuevas plazas de control criminal.

Si Claudia Sheinbaum quiere ser más exquisita con la historia, también podría comenzar por referir que la razón por la que hoy los cárteles de las drogas prácticamente han tomado el control del gobierno y del país, es porque así lo dejó marcado el presidente Felipe Calderón, del que ya ha quedado demostrado que dejó que su secretario de Seguridad, Genaro García Luna, se coludiera con los cárteles de Sinaloa y de los Beltrán Leyva.

Y hasta podría referir que durante el gobierno de Enrique Peña Nieto el responsable de esa conexión criminal con los grupos del narcotráfico, poniendo al Estado mexicano de pelele ante los grupos delictivos, fue el general Salvador Cienfuegos Zepeda, el que se coludió con el Cártel de Los Beltrán Leyva, a través del grupo de Francisco Patrón Sánchez, “El H2”.

Luego, si Claudia Sheinbaum está dispuesta a pasar a la historia como la Mujer Presidenta con A de Mujer, Ganadora de dos Premios Nobel, Científica, Madre, Abuela y Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas que rompió con el narco, tendrá que explicar que la política de López Obrador, la de Los Abrazos y no Balazos, fue la que terminó por entregar todo el control del Estado mexicano a los grupos delictivos.

En aras de pasar a la historia, en la coyuntura que el presidente Donald Trump le plantea dentro del reproche del Estado mexicano fallido y rendido ante la corrupción abrasadora de los cárteles de las drogas, Sheinbaum podría explicar como Alfonso Durazo Montaño, siendo secretario de Seguridad de AMLO se puso al servicio de los cárteles de El Mayo Zambada y El Chapo Guzmán.

Es decir, ante el señalamiento de Trump, con Claudia Sheinbaum se presenta la difícil opción de romper el pacto criminal entre narcos y políticos, pero también se presenta el escenario de la corrupta complicidad, en donde la presidenta no tendrá que hacer nada, solo decir que no es cierto lo del dominio de los cárteles y que a México de le respeta, como si el narco fuera parte de nuestra soberanía nacional.

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